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Consulta médica Ártica valoración tratamiento sobrepeso Viveiro

Por qué en Ártica no todo paciente con sobrepeso es candidato a tratamiento farmacológico

¿Mounjaro u Ozempic? Es la pregunta equivocada. La primera pregunta debería ser otra.

Cada semana llegan a consulta pacientes preguntando directamente por un fármaco: “quiero Mounjaro” u “quiero Ozempic”. Es comprensible — son los nombres que circulan. Pero cuando la conversación empieza por el nombre del medicamento, algo se ha saltado antes: la valoración de si ese paciente, en ese momento, con ese historial, es candidato a tratamiento farmacológico del sobrepeso o la obesidad.

En Ártica, cuando tras una valoración médica existe indicación real para tratamiento farmacológico, tirzepatida (Mounjaro) es actualmente nuestra opción preferente. Pero preferir un fármaco no es lo mismo que empezar por él. El diagnóstico previo, la selección del paciente, el acompañamiento durante el proceso y el seguimiento a largo plazo son, para nosotros, parte del tratamiento — no un añadido a la prescripción.

Lo primero: diferenciar mecanismo, no solo marca

Ozempic contiene semaglutida, un agonista del receptor GLP-1. En la Unión Europea está autorizado para adultos con diabetes tipo 2 insuficientemente controlada, junto con dieta y ejercicio. Ozempic no tiene indicación autorizada específicamente para el control del peso — esa indicación, con semaglutida, la cubre otra presentación: Wegovy.

Mounjaro contiene tirzepatida, con una diferencia relevante en su mecanismo: actúa sobre los receptores GIP y GLP-1. Además de la diabetes tipo 2, Mounjaro sí está autorizado en Europa para el control del peso —pérdida y mantenimiento— en adultos con IMC igual o superior a 30 kg/m², o entre 27 y 30 kg/m² cuando existe una comorbilidad asociada, siempre como complemento de una alimentación con reducción calórica y actividad física.

Mounjaro Ozempic
Principio activo Tirzepatida Semaglutida
Mecanismo GIP + GLP-1 GLP-1
Diabetes tipo 2 Sí Sí
Indicación europea para control del peso Sí No

Qué muestra la evidencia — y qué no muestra

El ensayo SURMOUNT-5, publicado en The New England Journal of Medicine, comparó tirzepatida con semaglutida en 751 adultos con obesidad sin diabetes tipo 2, durante 72 semanas. La reducción media estimada del peso corporal fue del 20,2% con tirzepatida frente al 13,7% con semaglutida; el perímetro de cintura se redujo 18,4 cm frente a 13,0 cm.

Una precisión necesaria: el estudio no comparó Mounjaro con Ozempic como marcas comerciales. Comparó tirzepatida a dosis máximas toleradas (10-15 mg) con semaglutida a dosis de 1,7-2,4 mg, ambas orientadas al tratamiento de la obesidad. Lo correcto, desde el rigor, es decir que tirzepatida ha mostrado una mayor reducción media de peso que semaglutida en esta comparación directa — no que “Mounjaro gana a Ozempic”.

Lo que no siempre se cuenta: a quién no se le indica

Un fármaco de prescripción se define tanto por a quién ayuda como por a quién no debe administrarse sin más valoración. Tirzepatida no está exenta de efectos adversos ni de precauciones clínicas relevantes:

  • Los efectos secundarios más frecuentes son digestivos: náuseas, diarrea, estreñimiento, especialmente en el ajuste inicial de dosis.
  • Existen antecedentes personales o familiares que requieren valoración específica antes de iniciar tratamiento, incluida patología tiroidea y pancreática.
  • No se recomienda en embarazo ni lactancia.
  • El seguimiento médico durante el tratamiento no es opcional: la titulación de dosis y la vigilancia de tolerancia forman parte del protocolo, no una recomendación genérica.

La Agencia Europea de Medicamentos ha sido clara en un punto que consideramos central: estos fármacos no están autorizados para una pérdida de peso meramente estética en personas sin obesidad ni sobrepeso con comorbilidad asociada. No es una guía de estilo de vida. Es un medicamento sujeto a indicación.

Por qué el fármaco es una herramienta, no el tratamiento

Cuando existe indicación adecuada, la evidencia respalda una eficacia elevada de tirzepatida para la reducción de peso, y nuestra experiencia clínica lo confirma en pacientes correctamente seleccionados y acompañados. Pero reducir el valor de este trabajo a “poder prescribir Mounjaro” simplificaría un proceso que empieza antes y continúa después del fármaco.

Antes de pautar cualquier tratamiento valoramos antecedentes, evolución del peso, hábitos, composición corporal, tratamientos previos y objetivos reales del paciente. La pregunta de partida nunca es “qué dosis necesita”, sino qué necesita este paciente concreto — y si la respuesta pasa por un fármaco, cuál y con qué estrategia.

Durante el tratamiento no nos limita únicamente el número que marca la báscula. Se observa la tolerancia, la alimentación, la actividad física y la evolución de la composición corporal, porque perder peso y atravesar correctamente un proceso de pérdida de peso no son siempre lo mismo. Y el seguimiento no termina al alcanzar el peso objetivo: el mantenimiento se planifica desde el inicio, no se improvisa al final.

La decisión que de verdad importa

Elegir entre dos principios activos es, en realidad, la parte más sencilla de este proceso. La decisión clínica real está antes: determinar si un paciente concreto tiene indicación de tratamiento farmacológico, y después: sostener un acompañamiento que no se agota en la receta. Ese criterio —cuándo sí, cuándo no todavía, y qué seguimiento exige cada caso— es lo que distingue un tratamiento médico de una prescripción aislada.

 

Dra. Iria Rodríguez
Directora médica, Ártica Medicina Estética. Viveiro, A Mariña (Lugo), Galicia.
www.clinicaartica.es